29 de Enero de 2015

En 2014, en países de todo el mundo, violentos conflictos pusieron en peligro a millones de niños y sus familias. Los niños fueron bombardeados en sus camas y en sus escuelas; secuestrados, torturados o reclutados para la guerra. Los desastres naturales y los producidos por el hombre pusieron en peligro a muchos millones más. Y las crisis humanitarias crónicas sumieron a otros muchos en la carencia y la desesperanza.

En un mundo en el que las emergencias parecen estar siempre creciendo, el informe Acción Humanitaria para la Infancia 2015 también enfatiza la creciente interdependencia de nuestra labor humanitaria y de desarrollo. Cuando respondemos a una emergencia, o proporcionamos atención sanitaria, nutrición o protección en medio de un conflicto o de un desastre natural, también estamos contribuyendo al fortalecimiento a largo plazo de una nación. Y en contextos de desarrollo, cuando trabajamos para proporcionar fuentes fiables de agua potable o instalaciones de saneamiento adecuadas, o fortalecemos los sistemas de salud, también estamos contribuyendo a que esa comunidad resista mejor las crisis futuras.

Emergencia

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