Sanda Ramírez, voluntaria de las Naciones Unidas trabajando para UNICEF en Bluefields, RACCS ©UNICEF Nicaragua-2015/A. Jirón
4 de Enero de 2016

Por Sanda Ramírez y Anielka Jirón - Con el deseo de trabajar en el terreno y de aportar a las transformaciones sociales, Sanda Ramírez, una joven de 28 años partió de su cuidad de origen, Suiza hacia Nicaragua. La única conexión cultural con el continente americano fueron sus raíces chilenas, ya que sus padres son originarios de este país latinoamericano.


“Antes de llegar a Nicaragua, estaba trabajando en la sede de una organización en el área de protección de la niñez especializada en Justicia Restaurativa, y después de un año ahí, tenía ganas de trabajar en el terreno, de preferencia en una oficina de zona y en un país latino o centroamericano” dijo Ramírez.


Convencida de su aspiración de trabajar a favor de los derechos de las niñas y los niños directamente en el terreno, y motivada por la experiencia que le contaron sus amigos y amigas del voluntariado en el Programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (UNV) y en otras organizaciones, se decidió a postular al puesto de voluntaria en protección y participación de adolescentes en el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Nicaragua.


“Quería enriquecerme profesionalmente, ser agente de cambio y tener mayores oportunidades para acceder a un empleo teniendo una visión de desarrollo. Y el voluntariado es bien valorado por las organizaciones, más aún si es en el extranjero” enfatizó Ramírez.


A pesar que el proceso de postulación para el voluntariado internacional requiere de mucho esfuerzo para la o el candidato, en el caso de Sanda los desafíos fueron grandes lecciones de vida. “Todo el esfuerzo valió la pena. Recuerdo que tuve que demostrar con ejemplos concretos mis habilidades personales y mi motivación para el puesto en inglés y español, teniendo el “switch” alemán, en algunos momentos me costó encontrar las palabras en inglés” enfatizó Ramírez.


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Sanda conversa con un grupo de jóvenes durante un acto de voluntariado. ©UNICEF Nicaragua-2015/A. Jirón

Después de diez meses como voluntaria en Bluefields, Región Autónoma de la Costa Caribe Sur (RACCS) facilitando proceso con adolescentes para concientizarlos sobre sus derechos y trabajando de la mano con las y los funcionarios regionales y municipales entendiendo las dinámicas locales, como las Mesas de Concertación en Juventudes y la Mesa de Trata de Personas, Sanda ha llegado a la reflexión que la labor de voluntario es creador de conciencias, porque el o la voluntaria toma conciencia de los problemas que afectan a otros y aporta a cambiar esa realidad con acciones concretas, construyendo así a un mundo mejor.


Asimismo, reflexiona que el voluntario contribuye a que la persona pueda estar frente a sí mismo y descubra las capacidades que tiene para trabajar en un contexto diferente y con personas diversas “En mi labor de voluntaria he aprendido a ser paciente y ser más humilde. Uno llega con muchas ganas de cambiar las cosas, en incidir de manera positiva en la vida local en mi caso de los adolescentes y con ansias de ver los resultados de nuestro trabajo, pero esto cambia con el tiempo” destacó Ramírez.


“Ser voluntaria terminó de convencerme sobre el por qué de mi trabajo, y de los retos que hay en el tema de protección de la niñez y adolescencia. Estoy abierta a seguir con otro voluntariado, porque a diferencia de un trabajo formal tienes más libertad de realizar tus propias iniciativas” finaliza Ramírez.


Con mucha certeza Sanda continuará aportando su granito de arena para que las niñas, niños y adolescentes lideren procesos para transformar sus realidades y ella seguirá descubriendo sus fortalezas personales.