©UNICEF Nicaragua-2015/ Favila Roces
6 de Noviembre de 2015

Por Favila Roces - “Administrador de una empresa”. Henry (nombre ficticio) no duda cuando se le pregunta en qué le gustaría trabajar en un futuro. Pero, a sus 17 años, este adolescente de Puerto Cabezas (Región Autónoma de la Costa Caribe Norte) es escéptico al respecto, pues está claro de los muchos retos que afronta de cara a su reinserción social. “Estudiar es caro y muchas de nuestras familias no pueden permitírselo. A veces recibimos apoyo pero necesitamos más para poder cambiar nuestras vidas”, afirma.


Hablamos con Henry mientras participaba en un taller sobre Resolución pacífica de conflictos para adolescentes que cumplen medidas privativas de libertad, una iniciativa conjunta de la Corte Suprema de Justicia y la Policía Nacional que cuenta con el apoyo técnico y financiero de UNICEF. Estos talleres, facilitados por personal de la Oficina Técnica de Seguimiento al Sistema Penal de Adolescentes (OTSSPA), inciden especialmente en cómo aprender y desarrollar técnicas de conciliación. Henry piensa “en los grupos a menudo hay gente que inventa cuentos o interfiere y eso genera violencia”, y por ello segura que su experiencia la ha enriquecido dialogando a la hora de resolver los problemas.


“Los talleres explican cosas que yo miro que me han pasado a mí y a mi familia. A veces alguien te molesta y te sientes humillado, no lo aguantas. Entonces comienzas a tratar a los demás así pero no es correcto”, reflexiona Henry. Él se crio con su abuela y reconoce que no escuchaba sus consejos, a veces similares a los que ha recibido en el taller. Ahora Henry recibe visitas periódicas de ella que le alegran mucho y ayudan a “seguir adelante con mi vida”.


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De hecho, a Henry le gustaría impartir estos talleres a chavalos en su misma situación “el día de mañana”, dando a esta iniciativa sostenibilidad. Asimismo, él cree que para los adolescentes privados de libertad, sería útil recibir más talleres sobre prevención de drogas y violencia pues tienen un efecto catártico. “Es bueno hablar de estos temas para cambiar y mejorar nuestras vidas” concluye.


Invertir en las y los adolescentes, incluyendo a aquellos en situación de mayor vulnerabilidad como las y los adolescentes en conflico con la ley, puede acelerar los progresos en la lucha contra la pobreza, la desigualdad y la discriminación por motivo de género. La adolescencia es una década central de la vida, por ello, tomar en cuenta a las y los adolescentes proporcionándoles las herramientas que necesitan para mejorar sus vidas, y motivarlos a participar en las iniciativas que buscan mejores condiciones para sus comunidades, equivale a invertir en el fortalecimiento de sus sociedades.