Philippe Barragne-Bigot, Representante. de UNICEF en Nicaragua en el evento. ®UNICEF/Nicaragua - 2015/F. Roces
1 de Junio de 2015

UNICEF tiene el mandato de impulsar la creación de un mundo donde se respeten los derechos de la niñez, se satisfaga sus necesidades básicas y se expandan las oportunidades para que desarrollen todo su potencial. Hacemos esto guiados por lo estipulado en la Convención sobre los Derechos del Niño y en la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer“.


Trabajamos en pro de la igualdad de quienes son objeto de discriminación, en particular niñas y mujeres y estamos comprometidos especialmente en la protección de los niños y niñas más vulnerables. Esto incluye a los niños y niñas que están bajo situación de pobreza extrema. En nuestro trabajo, por lo tanto, adoptamos el enfoque de derechos humanos y abordamos directamente el tema de la desigualdad y las disparidades que afectan a la niñez en el mundo.


En Nicaragua cooperamos con los esfuerzos que realizan el pueblo nicaragüense, sus organizaciones, redes y gobierno, a nivel nacional y local, para superar la incidencia de la pobreza de la niñez del país.


Estos esfuerzos, sin embargo, no se realizan ni en Nicaragua ni en algún otro país, en un vacío teórico. La pobreza, como cualquier problema social, tiene que ser entendida, para poder ser efectivamente abordada. Los conceptos, teorías y paradigmas juegan entonces un papel importante. Según como la entendemos, así intentamos superarla. Las preguntas han sido: ¿la hemos estado entendiendo bien? ¿La manera como se ha entendido ha conducido a su superación?


A finales del siglo pasado, en el mundo de la cooperación al desarrollo, estas preguntas no se respondieron satisfactoriamente. Por múltiples razones, y proviniendo de una gama amplia de actores, se cuestionó tanto el enfoque como la pobreza de los resultados en la superación de la pobreza, valga la redundancia.


Es así que durante muchas décadas en el siglo pasado predominó (y todavía influye fuertemente) una visión monetarista de la pobreza, conceptualizada por las Instituciones Financieras Internacionales (IFI). Esta visión se desarrolló con fuerza en parte gracias a la gran cantidad, cobertura y calidad de los datos que fueron generados por las encuestas de hogares a partir de los años 90, dado que permitió el análisis de datos de ingresos a una escala global sobre la base de medidas directas de ingresos de los hogares.


El método utilizado para medir la pobreza consiste en definir una canasta de necesidades básicas (materiales) de un país y se calculaba su costo. Este enfoque estaba basado en el ingreso….., gasto o consumo del hogar expresado en términos per cápita. La pobreza solo tenía un rostro monetario. Es un método indirecto de representación de la pobreza: se contrasta el ingreso corriente con una línea que valora el costo de las necesidades básicas alimentarias (la llamada “línea de indigencia”) y de necesidades básicas no alimentarias (la llamada “línea de pobreza”).


Este enfoque monetarista, sin embargo, tiene un enfoque adultista. Implícitamente implica que el pobre es un adulto que maneja dinero. Los niños y niñas pobres juegan un papel pasivo: ellos ´accederían´ a más dinero indirectamente vía sus padres o guardas en los hogares pobres donde vivían. Por otra parte, bajo el enfoque monetarista, si el pobre de alguna manera lograba tener más dinero (como resultado de intervenciones públicas y/o de la sociedad civil o del sector privado), eso significaría que estaría logrando superar su situación de pobreza.


En términos generales, este enfoque monetarista y adultista estaba sustentado en una visión específica sobre el desarrollo: si la economía crecía, habría más ingresos para todos, incluyendo para los pobres. A más crecimiento económico (del PIB), a un ritmo mayor del crecimiento de la población, habría menos pobreza… monetaria. Esta visión, de manera coherente, conducía a la formulación e implementación de las estrategias convencionales de reducción de la pobreza, que se concentraban solamente en la generación del crecimiento económico. Hoy en día todavía se escuchan voces que expresan esta visión cuya inefectividad ha quedado demostrada por la historia.


Poco a poco esta visión convencional fue dando lugar a otras perspectivas.


En el marco del paradigma de las IFI, por ejemplo, se amplió el concepto de la pobreza en el sentido de que una persona u hogar pobre podría dejar de ser o regresar a una situación de pobreza monetaria, dependiendo de su vulnerabilidad ante factores externos (desastres naturales, cambios en los precios de los productos que produce, etc.) y de relaciones de poder (político, económico).


Así, un hogar, jefeado por un adulto, podría tener un ingreso agregado suficiente para cubrir la canasta de necesidades básicas y gozar de un estándar de vida razonable, pero si su vulnerabilidad era muy alta y/o su grado de empoderamiento vis-a-vis otros actores era bajo, podía ver reducidos repentinamente sus ingresos por debajo de la línea de la pobreza…., de nuevo… monetaria.


En otras palabras, ya no solo la economía bastaba para entender el desempeño de la pobreza, había que tomar en cuenta aspectos no economicistas; sin embargo, el pobre seguía siendo un adulto (jefe de hogar) sin dinero suficiente, esta vez de manera estable y segura, para cubrir una canasta de necesidades materiales. Es decir, se mantiene en esencia el enfoque monetarista y adultista.


El enfoque monetarista, sin embargo, con relación a la niñez, presenta varias debilidades:


En primer lugar, poco se ha conocido sobre los ingresos, gastos y consumo que son particulares a los niños y las niñas, y sobre como sus necesidades pueden diferir según su edad, género y lugar. Si se conoce poco, es imposible definir los umbrales de “indigencia” y/o de “pobreza” de la niñez, al menos que se haga arbitrariamente.


Por ejemplo, si la línea de la indigencia se define a partir de un ingreso menor del US$ 1/diario necesario para mantener una estándar mínimo de nutrición, podrían haber niños y niñas que al tener mejores requerimientos alimentarios no serían considerados indigentes aun cuando fuera necesario gastar en muchas otras necesidades básicas para su sobrevivencia y desarrollo.


En segundo lugar, la distribución de los recursos dentro de los hogares podría ser desigual, según sean más o menos ricos o pobres. La tendencia es que en hogares muy pobres e indigentes, los niños y niñas “reciben” un poca más de los ingresos disponibles dado el sacrificio de los padres (especialmente de las madres solteras) de priorizar a los hijos; mientras que en los hogares ricos la situación podría ser todo lo contrario. Y en ambos tipos de hogares y también podrían haber diferencias entre los niños, y las niñas, debido a inequidades de género.


Finalmente, el enfoque monetarista no es una medida suficiente para registrar los niveles de privación que sufren los niños en términos de servicios básicos de salud, abrigo, educación, participación y protección. No considera, por ejemplo, factores vinculados con el acceso a servicios y con el desarrollo psicosocial de niños, niñas y adolescentes (como la discriminación y la exclusión); tampoco aborda la violación de los derechos humanos como principios universalmente aceptados, incluidos y consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño, la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración del Milenio y otros instrumentos internacionales.


En este sentido, UNICEF ha considerado que el concepto de pobreza infantil, junto con las estimaciones de sus alcances, puede construirse sobre el principio de acceso a un número específico de derechos económicos y sociales que están, a su vez, enmarcados en el artículo 27 de la Convención sobre los Derechos del Niño: “Los Estados parte reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social”.


Dicho artículo conduce a la aplicación de un enfoque de derechos a ser considerado como un marco conceptual y de acción para la superación de la pobreza infantil. En este sentido UNICEF impulso en 2003, junto con investigadores de la Universidad de Bristol y de la London School of Economics, una iniciativa a gran escala para la medición de la pobreza infantil bajo un enfoque de derechos y de privaciones múltiples.


El enfoque de derechos orienta el análisis del bienestar de la niñez de acuerdo al grado en que una necesidad básica está siendo satisfecha, en función de un conjunto de mínimos normativos. Su incumplimiento no solo implica una violación de los derechos del niño, sino también un daño en su desarrollo, cuyas consecuencias económicas y sociales son muchas veces irreversibles.


No hay que perder de vista que la existencia de una sola privación extrema es grave para el desarrollo infantil. De tal manera que la presencia de múltiples privaciones implica tanto una pérdida segura en las oportunidades de aprovechamiento de las potencialidades de los niños y las niñas, como la reproducción intergeneracional de la pobreza.


Además, las situaciones de privación, son fundamentalmente de carácter estructural: tienen pocas modificaciones en el tiempo, ya que las dimensiones o indicadores que se utilizan en su medición son poco susceptibles a variaciones cíclicas en el crecimiento económico, en el empleo y en los ingresos de los hogares.


De esta manera, para cada dimensión de necesidades consideradas, se establecen dos situaciones que representaban insatisfacción de la necesidad y, por tanto, violación de un derecho infantil.


Por ejemplo:


i) La pobreza infantil extrema correspondería a una situación que implican al menos una insatisfacción grave de las necesidades consideradas.


Mientras que:


ii) La pobreza infantil moderada reflejaría una situación en la que se dan insatisfacciones moderadas de las necesidades, las que impactan en el desarrollo infantil y también representan una vulneración de sus derechos.


De manera agregada, la “pobreza infantil (total)” mide ambos niveles de privación (así como lo hace el método monetarista).


Es esto lo que se entiende por medición multidimensional de la pobreza.


En el caso de Nicaragua, los datos indican que:




  1. Con relación a la pobreza monetaria, según la CEPAL, en el año 2005 la incidencia pobreza infantil (0-17 años) extrema era del 39,1%, mientras que la pobreza infantil total era de 70.4%. Para el año 2009, la incidencia de la pobreza infantil total se redujo a 50.2% (según la última Encuesta de Medición de Nivel de Vida)




  2. Con relación a la pobreza multidimensional, en el 2005 según la CEPAL, la incidencia pobreza infantil extrema era de 42.2%y la de la pobreza infantil total era de 78.5%.




Los datos indican que en términos monetarios hubo una mejora de la incidencia de la pobreza monetaria entre 2005 y 2009, y que la pobreza infantil multidimensional era más grave que la monetaria en el 2005. No se cuenta con datos comparables para el 2009 en términos de pobreza multidimensional, ni datos más recientes para comparar por con el mismo rango de edad (0-17años).


Desafortunadamente no se cuenta con datos más actualizados. Precisamente este tipo de situaciones sobre la oportunidad y calidad de los datos relacionados a la pobreza es uno de los retos más importantes para que los países puedan identificar sus brechas e inequidades con relación a la realización de los derechos humanos de la niñez y la adolescencia. En Nicaragua se han realizado esfuerzos pero es mucho lo que hace falta aún para tener una valoración completa e integral de la situación de la niñez y la adolescencia, así como de las barreras y cuellos de botella que impiden la realización de sus derechos.


En este sentido, UNICEF busca cooperar con los esfuerzos del país, estableciendo alianzas con actores nacionales comprometidos con el cumplimiento de los derechos de los niños consignados en la CDN. La generación de evidencia es uno de los primeros pasos para la acción y de allí la importancia de la alianza que hoy estamos estableciendo con la UAM, siendo una universidad de prestigio, con rigurosidad académica y visión de futuro, para trabajar el tema de la pobreza multidimensional de la niñez en Nicaragua.


Así que, manos a la obra!